Desde que el 2013, en la X edición del SEFF, se incluyera en la Sección Oficial a Sacro Gra, que por cierto acabó llevándose uno de los premios gordos, se ha convertido en costumbre contar con la presencia de un documental entre las candidatas  al Giraldillo de Oro. En esta ocasión nos toca de cerca, ya que El mar nos mira de lejos es una reflexión sobre las profesiones y las gentes que viven y trabajan en el entorno de Doñana. Gentes que soportan las inclemencias del tiempo, el ataque de las dunas, el mar, el viento… Marineros, calafates, hombres sencillos y solitarios en pequeñas barracas frente al océano.
Enmarcada en esa ‘nueva’ corriente, tan en boga en los últimos años, de documentar simplemente mostrando, sin explicar qué vemos ni por qué, sólo las imágenes que desnudan las vidas de las gentes. Con la excusa de la búsqueda de la antigua y mítica ciudad de Tartessos, la lujosa y rica urbe perdida en el tiempo, la enfrenta a la actualidad, una zona deprimida.
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Su tema es el paso despiadado del tiempo, la fugacidad de la existencia, y lo muestra con momentos de gran belleza, como esa magnífica secuencia con el movimiento de las dunas que acaban devorando las casas. Es también la lucha del hombre contra la Naturaleza por por frenar el ansia de esta por recuperar lo que era suyo, desplazando cada día la arena. Película muy bella, de verdad, muy bella.

La segunda cinta a concurso del día fue Cuori puri (Corazón puro). Película de debutantes (es el primer largo tanto del director como de los dos principales intérpretes), es una bella historia de amor, con un guion magnífico y una historia que transcurre de modo convencional, hasta que el sorprendente giro final hace que te des cuenta de pequeños detalles que han ido ocurriendo desde el principio y que habían pasado desapercibidos, y hacen que la historia se convierta en gigante.
Corazon puro
Agnese es una chica perteneciente a una comunidad cristiana que aboga por el celibato hasta el matrimonio y que vive con su madre, tan divertida como rigurosa. Stefano intenta alejarse de su temperamento violento y de la delicuencia (que parece cercarle por todos lados) y mantener su trabajo como vigilante de un parking. Cuando se encuentran saltan chispas, y aunque Agnese trata de resistir la tentación, las hormonas son más fuertes. Pero después de su primer encuentro sexual, ella siente que ha traicionado sus ideales y toma una drástica decisión para tratar de borrar su pecado.
El director Roberto de Paolis ha creado una historia absorbente, tratando el tema con delicadeza y con un estilo realista, con la mayoría de escenas en exteriores, primeros planos que se recrean en los sentimientos y sensaciones de los personajes. Aunque el asunto podría ser didáctico y manipulador, el resultado final no es así, ya que se centra en los dos protagonistas, en sus vivencias, y lo importante es otra cosa, es mostrar el complejo universo social del extrarradio de Roma, la violencia, el problema que aún persiste con los gitanos (enclaustrados en guetos), el odio por los ‘guardias’… Pero lo hace sin exaltación, sin recurrir (o muy rara vez) a la violencia. Lo que importa es la reacción de ella, es lo que ocurre después con aquellos que les rodean. En resumen, sencillamente fantástica.

La portuguesa Ramiro, la última cinta de Manuel Mozos, es exactamente igual que su protagonista: anodina. El tal Ramiro es dueño de una librería de segunda mano y escritor en perpetuo bloqueo. A pesar de su sentido del humor, sus expresiones son inexistentes. Sin quererlo, sus vecinas (una adolescente embarazada y su abuela que se recupera de un ataque) hacen que un ex-convicto llegue a su casa y aparque su culo en su sofá.
Ramiro
A medio camino entre la comedia y el patetismo, la película pocas veces tiene gracia y avanza sin pena ni gloria hasta su desenlace final, que lo mismo podía haber sido cualquier otro. Se deja ver, pero no ofrece nada nuevo (ni la relación de aspecto 4:3, ni la apariencia granulada, ni el supuesto tono de comedia absurda. Lo bueno, y lo que la salva de la quema, es la interpretación de su protagonista.

Y también pudimos ver un pase especial de la que, en teoría, es una de las más grandes películas españolas del año. Hablamos de Oro. Aunque en realidad no tengan mucho que ver, puede recordar a Alatriste. Entre otras cosas porque ambas están dirigidas por Agustín Díaz Yanes y basadas en un relato (o novela) de Arturo Pérez-Reverte.
Oro cuenta con un reparto de excepción con muchos de los nombres más conocidos del cine español: José Coronado, Antonio Dechent, Raúl Arévalo, Bárbara Lennie, Andrés Gertrudix, Juan José Ballesta, Anna Castillo… También en el apartado técnico, con la fotografía de Paco Femenía, o la música de Javier Limón. Todo ello debería dar como resultado, efectivamente, una de las más grandes películas de nuestra cinematografía. Pero no es así.
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En el siglo XVI, una expedición del ejército conquistador español parte en un viaje que atravesará la selva para encontrar una mítica ciudad que dicen que está construida totalmente de oro. Pero desde el principio todos empiezan a enfrentarse, andaluces contra aragoneses, castellanos contra extremeños…
Todo falla. La luz, el montaje, las interpretaciones forzadísimas, la banda sonora que está presente casi en todo momento, la fotografía, el guion, sus múltiples agujeros y su poco rigor histórico… Los personajes, miembros todos del ejército español, están en permanente pelea (se están matando entre ellos desde el principio), movidos todos ellos por una desaforada avaricia.
La trama adolece de una casi total carencia de verosimilitud, con detalles tan absurdos como el de que Bárbara Lennie (que tampoco está mal en su papel) se cambie de traje a cada rato en su peregrinar por la selva sin que nadie del equipo lleve equipaje alguno. Aburrida, o mejor, plomiza, el único personaje que resulta creíble es el que interpreta Anna Castillo, y es de las primeras en caer… Lástima.

 

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